Muchas veces las ganas no todo lo pueden y escribir una página dorada en la historia de un club puede convertirse en una mochila demasiada pesada para un equipo. Y fue lo que le pasó a Lanús.

El granate jugó una revancha muy pobre y se quedó en las puertas de obtener su primera Copa Libertadores, tras perder la vuelta ante Gremio.

Lanús confundido al principio ante un rival que inquietó al principio con un remate de Luan que el mendocino Andrada contuvo en dos tiempos. El Grana jugaba contra su nerviosismo, un rival ordenado y ante unos fallos que eran muy protestados contra el árbitro Cáceres.

Dentro de ese panorama, el equipo brasileño disputaba la revancha lejos de Marcelo Grohe. Edilson y Bruno Cortez pasaban permanentemente al ataque, Arthur era el eje en cada movimientos y los tres arriba esperaban alguna habilitación para acercar peligro, como una jugada que se construyó a pura paciencia. Se tocó de un lado para el otro, pelotazo para Fernandinho al área grande, éste cedió para Barrios y el argentino naturalizado paraguayo remató apenas desviado.

Poco y nada ofrecía Lanús en ataque. Marcone, Pasquini, Martínez y Silva estaban desorientados y como consecuencia de ello, Sand y Acosta deambulaban por todo el frente de ataque sin poder entrar en juego.

Y para colmo de males, tras un rechazo del arquero visitante, Gómez falló en rechazar la pelota, la misma le quedó a Fernandinho quien con un zurdazo alto puso arriba a Gremio.

Si antes el dueño de casa estaba confundido, con el mazazo el contexto se hizo peor, aunque Maxi Velázquez casi le da el empate a Lanús con un tiro libre que Grohe despejó al córner.

Con espacios y respetando el libreto que todo equipo con pretensiones debe emplear, el equipo de Renato Gaúcho siguió manejando la pelota e intentando siempre acarrear peligro hacia el arco de Andrada.

Todo era muy cuesta arriba para el Granate. Los que debían manejar la pelota se mostraban inconexos y la impaciencia de las tribunas se trasladaba al campo de juego.

Pero había algo más. Gremio fabricó una gran jugada y Luan se la picó al “1” mendocino para empezar a grabar otra vez su nombre como campeón de la Libertadores.

El inicio del complemento mostró a un Granate más decidido, pero las llegadas eran producto de arrestos individuales que de elaboración conjunta. Entonces Gremio no tenía motivos para preocuparse.

Cuando tenía la pelota la manejaba con criterio, aceleraba si era necesario o simplemente se limitaba a darle un destino seguro para que el tiempo siguiera pasando.

En contrapartida, el escaso dominio que trababa de implementar el local no se sostenía demasiado con lo que le demandaba el resultado.

Almirón mandó a la cancha al otro mendocino del plantel: Marcelino Moreno, quien le aportó más peso en ataque a un equipo que equivocaba constantemente los caminos hasta que en una jugada en la cual los defensores brasileños no pudieron despejar, Acosta fue derribado y Cáceres cobró la pena máxima que Sand convirtió para darle una luz de esperanza a su equipo. Lanús insistía y llegaba con pelotas detenidas. A esas alturas, era algo.

El Grana buscó, pero no encontró la fórmula que le permitiera volver a esperanzarse en una serie en donde siempre fue punto y más ante un oponente como Gremio que se mostró seguro de la parada y que así se quedó por tercera vez en su historia con la Copa Libertadores de América.