Con el estreno de la biopic de Stephen Hawking, además de ver al probablemente próximo ganador del Oscar a mejor actor, se podrá entender una faceta más profunda del doctor en física, especialmente lo que tuvo que vivir su primera esposa Jane Wilde cuando le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica.

El flim no pierde demasiado tiempo en explicar qué estudia Hawking ni cuáles son sus teorías, salvo en el comienzo cuando cuentan que no sabe en qué basar su tesis doctoral, y luego cuando sus postulados sobre el origen del universo cambiaron la ciencia.

Lo más importante pasa por como en el inicio conoce a Wilde, quien estuvo con el desde 1963 hasta 1991 (incluso luego de su divorcio siguieron teniendo una buena relación), pese a que él buscó alejarla cuando empezó a tener síntomas de la enfermedad motoneural, ante la cual le dijeron que le quedaban dos años de vida.

La historia – que se basa en el libro “Travelling to infinity: my life with Stephen” que Wild escribió en 2008 – además muestra unos triángulos amorosos entre Jane y un amigo de la familia que finalmente fue su segundo esposo, y los celos que ella sintió de la nueva secretaria de Hawking (finalmente su segunda mujer), que llevó al divorcio.

Los golpes más bajos ocurren en los difíciles momentos que atravesó el científico junto a su enfermedad, como en el comienzo cuando no podía flexionar las manos pasando por cuando debe recurrir a una silla de ruedas y hasta que le hacen la traqueotomía que lo dejó sin habla. Pero esos llantos son compensados con varios diálogos cómicos.

La interpretación y caracterización de Eddie Redmayne fue tan perfecta que no sorprendió que se haya llevado el Globo de Oro y el premio del Sindicato de Actores, por lo que hay grandes posibilidades que repita en los Premios de la Academia (rara vez el que se llevó el SAG Award no se llevó el Oscar).

Felicity Jones también es candidata el premio de la Academia de Hollywood, pero no tuvo la misma suerte que su compañero en los mencionados galardones ya que fue superada por Julianne Moore de “Still Alice”. Vale mencionar que la impresionante transformación de Redmayne no se fue del todo igual en ella, ya que el paso del tiempo se vio mucho menos marcado, y no quedó claro sino hasta que ella demostró que ya estaba cansada de tener que cuidar sola a su marido y sus tres hijos.

Además de los actores, la película que costó 15 millones de dólares y ya se llevó 81M en estos tres meses que ese vio en todo el mundo, podría llevarse los Oscars a mejor película, mejor música y mejor guión adaptado, que corrió por cuenta de Anthony McCarten, quien había escrito por última vez “Muerte de un superhéroe” tres años atrás.

Inesperadamente no fue destacada la cinematografía, que con unas luces precisas podía mostrar una fría mañana de noviembre en Oxford así también como una tarde calurosa en el campo, junto con unos encuadres exquisitos y acciones en un segundo plano. Esta área estuvo a cargo de Benoit Delhomme de “El niño de pijama a rayas” y “Lawless”.

Marsh no estará en la entrega de las estatuillas doradas, pero ya sabe lo que es subir al escenario ya que en 2009 su documental “Man on wire” fue elegido como el mejor del año. Es apenas su cuarto largometraje de ficción entre los 14 que dirigió; el último había sido “Agente doble” en 2012 con Clive Owen.