Una primera lectura de este fenómeno en que la industria del conocimiento con unos 3.500 empleados, Mercado Libre pasó a valer más que otra que se dedica a una industria básica con alta integración y más de 20.000 empleos, pasó a valer más para el conjunto de los inversores, es que «el saber ocupa lugar» y es fuente de generación de riqueza neta.

Se sabe que las empresas son conducidas por empresarios tienen un único fin: complacer a sus accionistas con ganancias cada vez mayores. La inversión, el aumento de capital o la política de endeudamiento, va en función de su crecimiento.

Pero el caso argentino, una segunda lectura permite observar que cuando la política entra en el mundo empresario, hasta las compañías más rentables pueden fracasar porque se manejan con otras reglas. El político no tiene como objetivo que las empresas que debe administrar durante su gestión tengan réditos económicos. Con slogans patrióticos señalan que la empresa debe estar al servicio de la sociedad y la inundan de empleados innecesarios. Ellos no miran los costos ni los ingresos. Por eso no vacilan en poner precios políticos que, generalmente conllevan subsidios o utilizarlas, como hizo el Gobierno anterior, para buscar dólares en el exterior.

Mercado Libre e YPF, dos compañías argentinas son dos ejemplos claros de esta forma de entender la economía. Son dos historias paralelas de empresas locales. Una, con la mentalidad empresaria llegó a ser estrella de Wall Street con el negocio de intermediar productos. La otra, dueña de las grandes áreas petroleras argentinas, da pérdidas y está fuertemente endeudada.

Sin ir más lejos, en el principal mercado de referencia de los negocios bursátiles, la Bolsa de Nueva York, las acciones de Mercado Libre se elevaron 13,6% y llevaron la cotización de toda la compañía a USD 7.640 millones. Por el contrario, tras presentar un balance que defraudó las expectativas de los inversores, YPF se derrumbó 4,8% en dólares, y con ello su capitalización se achicó a USD 7.180 millones.