Colectivo CHOPEkE es una comunidad de jóvenes católicos a cargo del arquitecto Omar Ríos, que busca enfrentar la falta de vivienda digna en Ciudad Juárez a través de la arquitectura y la construcción comunitaria.

Luego de una intensa investigación sobre tipologías y materiales, el equipo se trasladó a la Colonia Tarahumara, Km. 33, con el desafío de levantar su primer prototipo de vivienda: una casa con muros de fardos de paja y barro, donde además se recupera la técnica tradicional del bahareque.

Preocupado por el déficit de vivienda digna en Ciudad Juárez, el arquitecto Omar Ríos, egresado de la UACJ y con 10 años de experiencia en el diseño arquitectónico, ha formado una comunidad de jóvenes católicos para trabajar y cambiar esta realidad.

Todo comenzó después de vivir unos ejercicios ignacianos en silencio con un director espiritual jesuita. La «arquitectura humanitaria» ya le venía interesando desde su etapa de estudiante, sobre todo el pensamiento del Sambo, Samuel Mockbee, y su escuela rural, al igual que otras influencias como Donal Judd y la austeridad que se vive alrededor de la comunidad de Marfa, Texas, donde desarrolló su fundación como artista minimalista y donde se vive la permacultura, lugar que el arquitecto frecuenta y en el cual se ha inspirado.

Al convertirse en profesor y director de la carrera de arquitectura del ITESM, Campus Juárez, inicia junto a sus alumnos una investigación relacionada con las tipologías de vivienda emergente, buscando desarrollar una solución frente a la pobreza extrema e investigando materiales ideales para la región desértica. Además, se idearon metodologías de fondeo para llevar acabo el proyecto.

Después de la investigación, se presentó el proyecto a la comunidad de la parroquia católica de Nuestra Señora de la Paz, de la cual es miembro activo. Ahí se desarrollaron diferentes actividades para llevar acabo el fondeo de la casita.

El colectivo está formado por jóvenes estudiantes universitarios de diferentes carreras; arquitectos, diseñadores, ingenieros, educadores, sociólogos, historiadores, etc., los cuales aportaron de manera voluntaria con mano de obra para llevar acabo este primer programa piloto: una vivienda emergente para la Sra. Lucrecia, una mujer indígena Rarámuri, etnia propia del estado de Chihuahua.

Se levantó la obra durante el verano y se terminó con éxito, gracias a Dios, aplicando los principios de arquitectura social con el apoyo, guía, liderazgo, amistad y respaldo del arquitecto Juan Manuel Casillas Pintor, del Laboratorio de Arquitectura Básica Mx, con base en DF. El arquitecto aportó con su experiencia de más de 15 años ofreciendo diseños regenerativos y construcciones sostenibles de alto desempeño ecológico, integrando técnicas tradicionales en el sobreciclaje de residuos, uso de materiales naturales, locales y de bajo impacto ambiental.

En este proyecto en particular se desarrolló la técnica constructiva de muros de pacas de paja, muros térmicos, durables, resistentes y económicos. Se utilizaron materiales naturales de la región como el barro, la madera y la piedra, aplicando además la técnica ancestral del bahareque. El acabado final se realizó con mortero ligero y pintura hecha de manera natural con cal.

Siguiendo las costumbres de las mujeres rarámuris, se experimentó, junto a los estudiantes de ingeniería mecatrónica, un diseño improvisado de la estufa cohete (rocket) y un horno al aire libre como sustituto de una estufa convencional.

El grado de participación de la comunidad fue mínimo. Es una comunidad indígena cerrada; los hombres trabajan en el día, por lo que nos quedábamos con las mujeres y los towi (niños), siendo estos últimos fueron quiénes más apoyaron el proceso constructivo. El mayor desafío para nuestro siguiente proyecto, comenzado recientemente, es lograr una mayor participación de los integrantes de la etnia, en apoyo a la familia beneficiada.