El último estreno de Netflix dio otra nueva versión sobre la caída del mayor narcotraficante de la historia, con todas las características de las innumerables adaptaciones más el aura propia de la cadena de streaming. El desafío de los creadores Brancato, Bernard y Miro será mantener el interés en las próximas dos temporadas que fueron confirmadas el martes, y que por obligación contarán una historia muy distinta.

Como en la primera temporada, el punto de vista y motor de los acontecimientos es Boyd Holbrook, quien interpreta al agente de la DEA Steve Murphy. Aunque es el narrador y el héroe de la historia junto a Pedro Pascal de “Game of Thrones”, el personaje más interesante es el de su antagonista, Pablo Emilio Escobar Gaviria, en la piel del brasileño Wagner Moura de “Tropa de Elite”.

A diferencia del año anterior, la historia ahora corre con un tiempo lineal y no vuelve sobre el final al primer capítulo solo para confundir. Además que luego de haber visto el ascenso del Patrón, ahora caerá para pasar de ser el Robin Hood paisa que seguía siendo en el comienzo de este nuevo tanda de diez episodios, hasta el terrorista odiado por el pueblo perseguido por el ejército colombiano asociado con Estados Unidos, y el grupo paramilitar Los Pepes, que logró asociar a sus enemigos.

Con la misma imagen que se vio en las anteriores historias, como “El Patrón del Mal” y “Escobar: Paradise Lost” con Benicio del Toro, la imagen amarilla y calurosa pintó a Colombia, combinando  las urbanas calles con las paradisíacos campos y siempre las montañas de fondo.

Similar era la estética en “Breaking Bad”, donde también un vendedor de droga manejaba más dinero del que podía contar pero seguía siendo un padre devoto de su familia (incluso Walter White y Escobar utilizan la misma ropa mundana, lejos de la que podría pintar a un millonario). Quien más veces se puso detrás de cámara en esta temporada fue Andrés Baíz, responsable “Metástasis”, la versión latina del creador de la metanfetamina azul.

La magnitud de las acciones que toma Escobar en su intento de conquistar el poder son similares a lo que había hecho Bryan Cranston; en vez de matar en cuestión de minuto a ocho posibles soplones pone bombas a civiles o escapa de la cárcel que se había construido para él mismo con canchas de fútbol y pool.

La diferencia obvia es que ésta historia se basa en hechos reales, mezclando imágenes originales de los noticieros con las recreadas para la pantalla. Fue por eso que el final era cantado, especialmente al ser “¿Quién mató a Pablo?” el subtitulo de la temporada, y parecía en un comienzo imposible imaginar más episodios.

Pero el show se llama “Narcos” y no “Escobar”, por lo que continuará la cacería, ahora contra el Cartel de Cali, confirmado las sospechas de la última escena con el teaser revelado el martes, solo cinco días después del lanzamiento.