Gente que te saluda, que te dice “que grande que estás”, “cómo pasa el tiempo”, “hacia un montón que no te veía”; personas que ves en dos ocasiones al año: cumpleaños y velatorios.

Pareciera que preferimos reunirnos para eventos especiales. Tendemos a buscar un motivo para celebrar; los nacimientos, los aniversarios y todo lo que pueda convertirse en una buena excusa para decirnos que nos queremos, que nos necesitamos. Así es como pasa también con el mundial. ¿Todo el mundo se acuerda de la bandera una vez cada cuatro años, durante un mes?

Otra cosa en la que la gente no se pone a pensar muy seguido es en que la vida es una sola, y no tenemos “todo el tiempo del mundo”, como a algunos les gusta decir. ¿A cuántas reuniones dejamos de ir por orgullo, por alguna discusión o pelea, o simplemente por estar disgustados con algún invitado que también iba a asistir? ¿Cuántas familias están distanciadas solo porque no encuentran un momento para aclarar lo sucedido, o porque ninguno decide tomar la iniciativa de arreglar las cosas? Pero para los cumpleaños o velatorios, siempre nos juntamos.

El psicólogo Carl Gustav Jung una vez dijo: “La cantidad de oportunidades que dejamos pasar a lo largo de los años, esos momentos de alegría y de felicidad que pudieron haber sido y que dejamos pasar ante nuestros ojos, a veces conscientemente y otras sin darnos cuenta, se debe a nuestra propia dejadez y a nuestros recelos con amigos o parientes”.

Entonces, ¿vamos a seguir perdiendo el tiempo?

Sofía Fortunato Rossi