Los pasos que está dando Rusia -sobre los que ya veníamos comentando en la nota “Un imperio dormido se despierta”- van marcando una  tendencia geopolítica tendiente a llevarnos a una nueva polarización mundial.

Pero esta vez con un componente especial, que debe ser advertido con tiempo para evitar que las nuevas generaciones se confundan y se embarquen en luchas idealistas que nada tienen que ver con los objetivos que tienen los imperios.

Una visión simplista y apresurada de la historia, nos puede llevar a pensar que la relación Rusia-Cuba, que se ha retomado en estos días, es políticamente muy normal, porque durante muchas décadas Cuba ha sido el enclave ruso en América. Pero a no confundirse; Cuba era el enclave americano de la Rusia Comunista. La Rusia actual es Capitalista.

Entonces ¿cuál es el motivo de condonarle el noventa por ciento de la deuda que tiene Cuba con Rusia y refinanciarle el diez por ciento restante a larguísimo plazo? Voy a intentar algunas explicaciones:

-Cuba y Estados Unidos están enfrentados.

-La Comunidad Europea es virtualmente aliada de Estados Unidos y allí Rusia no tiene entrada, más allá del episodio de Ucrania que relatamos en mi nota anterior.

Entonces ¿por dónde encontrar  aliados estratégicos para expandirse?

Evidentemente en países que cuestionan a EEUU, que se pronuncian con fuertes arengas contra el capitalismo americano, acusándolo de tratar a los países latinoamericanos como su patio trasero, etc., etc.

Más allá de la certeza o no de esas declamaciones, lo que tengo en claro es que el imperio ruso está empeñado en su tarea de seducción en países latinoamericanos, no para liberarlos del “yugo” americano, sino para repartirse el mundo entre dos imperios igualmente capitalistas que  disputan sus zonas de influencia. A no dudar que las adulaciones a Bolívar, Martí, Allende y el Che, en el discurso de Putin, son cantos de sirena. Basta recorrer el centro de Moscú para darse cuenta que allí están instaladas las marcas internacionales más sofisticadas, y por momentos parece que se caminara por la Quinta Avenida de Nueva York. Allí el capitalismo ha llegado para quedarse.

A no confundirse, en este juego, no hay izquierdas ni derechas.