La sal no es como el cigarrillo: que el mejor tabaco es cero. La mejor cantidad de sal no es cero; al contrario, puede ser perjudicial”, enfatiza el cardiólogo. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS) si se reduce el consumo de sal al nivel recomendado (5 gramos por día de sal o 2,3 gramos de sodio por día), se podría evitar hasta 1 de cada 4 ataques al corazón o accidentes cerebrovasculares.

Incluso el agua tiene sodio. Dentro de las aguas embotelladas existen dos grupos: las que tienen alto y bajo contenido de sodio. Si nos remitimos a los dos litros que son recomendados incorporar por día para lograr una hidratación adecuada, es importante destacar que el aporte de las aguas de alto contenido de sodio para dicho consumo es de 256mg por día, mientras que el de las bajas en sodio, es de 10mg por día.

Según un último estudio global publicado recientemente por la New England Journal of Medicine, esa sola causa se cobra más de 10.5 millones de vidas por año. Las cifras hablan por sí solas. Es por eso que uno de los primeros desafíos que debe vencer la hipertensión arterial (HTA) es derribar su lugar de enfermedad cotidiana en la vida de las personas. Su condición de enfermedad crónica, no transmisible y asintomática ayuda a naturalizar su presencia como enfermedad de alto riesgo para aquellos que la padecen. Y este aparente “estado de normalidad” que supone para la mayoría de los mortales es su principal escollo y atributo a la vez para avanzar ladina y silenciosa. Y por eso, irrumpe sin dar síntomas previos a través de un infarto de miocardio, accidente cerebrovascular, insuficiencia renal o insuficiencia cardíaca.

La peor noticia es que las consecuencias de todos estos cuadros en la mayoría de los casos son irreversibles o fatales. La hipertensión arterial ocasiona el 13 por ciento de la mortalidad del mundo, es una enfermedad considerada una “serial killer” y está presente en el 80 por ciento de las muertes por causa cardiovascular. Lo primero que caracteriza a un hipertenso es el incremento continuo de las cifras de la presión sanguínea en las arterias; por ello se convierte en una espada de Damocles para las enfermedades del sistema circulatorio que representan la principal causa de muerte en la Argentina.