Mientras un ejército de policías desmontaba ayer el refugio de la «revolución de los paraguas» de Hong Kong, los manifestantes coreaban un lema: «Volveremos». Así se puso fin a la ocupación masiva de las calles, pero ya se ha despertado una generación que mantendrá sus reclamos de democracia. El final de las multitudinarias sentadas llegó con el desalojo de su punto neurálgico, en el barrio de Admiralty, donde cientos de activistas desafiaron las advertencias policiales y dejaron en claro que esto sólo ha sido el principio.

Algunos líderes, como el joven Joshua Wong, cabeza visible de la agrupación de estudiantes de secundaria Scholarism, insistían en que continuarán con las manifestaciones, a pesar de que, tras 75 días de protesta sin descanso, no han conseguido ni una concesión del gobierno que los acerque a su objetivo: elecciones libres en la región.

En la recta final de la ocupación callejera, las diferencias entre los líderes del movimiento comenzaron a ser cada vez más evidentes entre los más radicales, que iniciaron una huelga de hambre a la que pusieron fin a los cuatro días, y los más moderados, que se entregaron a las autoridades. «El movimiento está dividido y puede que hoy esté hecho trizas. Tiene que tomar otras formas si quiere sobrevivir», opina Jean-Pierre Cabestan, profesor de la Universidad Baptista de Hong Kong.

Y en ello se debatían ayer los cientos de miles de manifestantes que acudieron por última vez en masa a Admiralty. Entre ellos, los más jóvenes apostaban por seguir la lucha en las calles con huelgas estudiantiles, boicots en el Parlamento local o llamando a la gente a saturar zonas comerciales, como se ha hecho estos últimos días en el barrio de Mong Kok, el primero en ser desalojado.

No obstante, y a pesar de que se auguren nuevas movilizaciones, expertos como Cabestan destacan que el arma principal en la nueva fase de la revolución será «la política». «Los legisladores democráticos deben estar más unidos que nunca», afirma el profesor. Junto a la Federación de Estudiantes, Occupy Central y Scholarism, los legisladores democráticos también han sido parte propulsora del movimiento, por lo que Cabestan y otros expertos consideran que el Parlamento de Hong Kong podrá ser un buen lugar de «batalla» futuro.