El sociólogo Polaco Zygmunt Bauman define el consumismo como un atributo de la sociedad conformada por individuos cuya capacidad de querer, desear o anhelar ha sido separada o alienada de ellos mismos…

Nos encontramos en una sociedad donde tener más cosas de lo que podemos disfrutar y consumir está de moda, en la cual para la mayoría de las personas lo importante es estudiar o trabajar y consumir, esa es la ecuación en la cual se resume nuestra existencia y no es que esté en contra de la evolución de la humanidad y de las ideas de progreso que nos han llevado a ser lo que somos ahora con adelantos tecnológicos que hace mucho tiempo atrás solo aparecían en películas de ciencia ficción y que hoy son una realidad.

Pero sería muy prudente que nos cuestionemos hacia a dónde vamos… si continuaremos en ese camino donde adquirimos cosas y luego en un instante las desechamos en pos de una vida feliz aquí y ahora, lo verdaderamente triste es qué esta consigna de eliminar y reemplazar de estos agitados vientos de posmodernidad la hemos llevado al plano de nuestras relaciones personales a tal punto que las personas también nos vemos  como objetos de consumo masivo en todos los ámbitos de nuestra existencia.

Consumir es invertir en la propia pertenencia a una sociedad, una sociedad que eleva lo novedoso por encima de lo perdurable viviendo siempre en la incertidumbre de lo que puede llegar a ser, no en vano ahora más que nunca existe tanta expansión de las cirugías plásticas innecesarias, personas internadas en clínicas mentales por adicción a las redes sociales virtuales y en fin, el resultado es una masa de consumidores donde la vida absoluta es un bien de cambio donde no encontramos gente pobre sino con carencia de valor para el mercado.

La responsabilidad y el respeto por nuestra propia existencia es la base que debe perdurar en las ideas de progreso de lo contario seguiremos invirtiendo nuestra felicidad en una membresía por pertenecer a esa comunidades de guardarropa.

Andrea Imbachi