El equipo de Victoria se impuso en el Nuevo Gasómetro por 2-0, con tantos de Lucas Wilchez (tras un regalito de Buffarini) y del colombiano Sebastián Rincón y bajó de un hondazo las expectativas de San Lorenzo de prenderse en el campeonato. Los de Bauza cometieron errores claves en el fondo, y aunque fueron superiores al rival, pagaron con una nueva derrota ante su gente.

San Lorenzo se despidió del campeonato definitivamente con una nueva caída en el Nuevo Gasómetro. Esta vez fue el Tigre de Gustavo Alfaro; un equipo ordenado, obediente e inteligente para aprovechar las situaciones que tiene, que volvió a mostrarle a los de Bauza que ese no es el camino para llegar de la mejor manera al Mundial de Clubes de Marruecos. Si bien el Ciclón fue más que la visita, un error garrafal en defensa le cambió el curso a un encuentro que jamás pudo levantar. Bien por Tigre, que viene en levantada desde la llegada del nuevo entrenador.

Arrancó mejor el local manejando los hilos del partido y generando juego a partir del terceto  Ortigoza-Mercier-Romagnoli. Tigre permaneció inquebrantable en el fondo atado al pizarrón plantó Gustavo Alfaro en la previa. Gonzalo Verón tuvo la apertura del marcador pero el palo le dijo no tras una buena asistencia entrelíneas de Juan Mercier y Romagnoli preocupó en más de una oportunidad a Javier García con disparos de media distancia.

Antes que se cumpliera la primera media hora, los de Victoria realizaron su primera incursión ofensiva y cobraron con creces. Julio Buffarini le pifió al cabezazo y la pelota le quedó a Lucas Wilchez, que con tiempo y espacio, la colocó cerca del palo izquierdo de Torrico. El resto de la primera etapa, los de Bauza insistieron pero ya sin tanta variantes por la salida de Verón y el ingreso de Martín Cauteruccio.

En el complemento San Lorenzo fue un canto a la impotencia. Con dos nueves en cancha (Matos-Cauteruccio) más el ingreso de Pablo Barrientos por el desconocido Héctor Villalba, se cansó de chocar contra el planteo defensivo de Tigre, que supo contrarrestar la falta de ideas del local. Sin demasiadas formas y empujado por su gente, los de Bauza tuvieron dos claras a los ponchazos: Cauteruccio tardó una eternidad para definir un cetro atrás con destino de gol y Javier García le tapó un remate de media distancia a Mercier que era el empate.

Tigre le hizo pagar caro el desorden defensivo a Boedo sobre el final. El colombiano Sebastián Rincón culminó una contra perfecta con un gambeta de manual para dejar parado a Fabricio  Fontanini, evidenciando el mal semestre del central, y poner la pelota lejos de la estirada de Torrico para sellar el 2-0.

 

Alegría para los de Alfaro que consiguieron sumar de a tres nuevamente y mirar la tabla con otros ojos. Para Bauza más preocupación por el nivel mostrado y por no poder encontrar los actores necesarios para la obra maestra que tendrá que conformar si es que en diciembre quiere traer para Boedo el título del mundo.