Habiendo pasado ya unas cuantas fechas de este polémico, y siempre criticado torneo de los 30 equipos, es posible hacer un análisis un poco más completo y certero sobre la decisión, quizás, más relevante que tomó la AFA en los últimos tiempos.

El torneo que fue aprobado por mayoría unánime de votos hace ya un año, y que trajo consigo el ascenso directo de 10 cuadros de la segunda categoría del futbol argentino es furor por varios aspectos que simplemente las enormes audiencias que consumen la marca del futbol, no esperaban.

En primera instancia, encontramos equipos insólitos e inéditos en la primera división, como lo son Crucero del Norte y Sarmiento de Junín. Por el otro lado, volvemos a ver equipos que forman parte de un canon antiguo de clubes que no militaban en primera hacía ya mucho tiempo, como son los casos de Temperley o Nueva  Chicago. Sin embargo, este torneo, así como invita a más clubes a engrosar la lista de primera, también castiga duro, ya que serán 10 también, los clubes que desciendan al final de este maratónico campeonato. Esta modalidad jamás vista a nivel mundial, según lo que se puede observar de las primeras 8 fechas, obliga a todos los clubes a propiciar un fútbol ofensivo y con altas intenciones de ganar desde el minuto cero. Equipos como Defensa y Justicia o Banfield pregonan esta filosofía de juego y ataque. Es por eso que, la gran cantidad de descendidos, garantiza; en consecuencia, un campeonato con muchos goles, más situaciones de gol y por ende, se reducen aquellos esquemas nefastos y resultadistas que apostaban al empate de visitante y a hacerse fuertes de local.

Pero esta consecuencia solo puede traer más consecuencias y es por eso que no cabe la menor duda de que los equipos que más se beneficiaron de esta nueva filosofía de juego, son los equipos grandes. Tales son los casos de San Lorenzo, Boca o Independiente que, con la excusa del torneo largo, despilfarraron inmensas sumas de dinero en contrataciones con el fin de engrosar el plantel y poder mantener la alta competencia. Hasta el momento, las cosas parecen darles la razón, ya que son los denominados “equipos grandes” los que manejan el poder económico y también los puestos altos de la tabla, mientras que aquellos que son flamantes ascendidos se hunden a pesar de su hambre de gol, con escasas victorias pero planteos más atrevidos.

Con este análisis hecho, habría que volver el tiempo atrás y preguntarse por qué los clubes denominados grandes fueron los que discutieron la ejecución de dicho torneo, cuando meses atrás (Cuando Julio Grondona mandaba en la AFA) habían votado positivamente y sin dudarlo. Si bien hay un entramado económico, ya que bajo estas condiciones, los clubes grandes perderían dinero por la llegada de más clubes a primera, el poderío futbolístico parece reflejarse en la reputación que precede a los escudos, y ya no más a momentos o rachas de los equipos de baja denominación.

Es así que hoy me pregunto si los clubes más grandes o tradicionales del país: Boca, River, San Lorenzo, Independiente, Racing, Vélez, Estudiantes de La Plata, Newells, y Rosario Central, no se encuentran satisfechos con la realización del torneo, donde (salvo excepciones como la de Vélez, que atraviesa un mal momento), todos gozan de un buen presente y buenos números en cuanto a recaudación de entradas.