El trayecto fue inaugurado el 19 de diciembre y depende de la Operadora Ferroviaria del Ministerio del Interior y Transporte. Hay un servicio diario de ida y otro de vuelta. Los nueve vagones tienen capacidad para 565 pasajeros. El pasaje cuesta entre $240 y $290, mientras que los micros –tardan solo 5 horas– arrancan en $325 y trepa a $ 448.

“Va despacio porque las vías están en reparación y hay gente trabajando. Espero que lo solucionen pronto porque es un viaje que debería durar 4 horas y media como mucho”, dice Susana Panizza, que viaja con dos amigos. Lo cierto es que no hay sorpresa: al comprar el boleto por Internet, la página anticipa que el tren de las 13.45 llega a las 20.38.

A lo largo del camino, un altavoz explica que la velocidad debe reducirse en algunos tramos porque aún continúa la renovación de 312 kilómetros de vías. El tren va muy lento entre Chascomús y Maipú, y casi a paso de hombre entre Vivoratá y Mar del Plata. La entrada triunfal en la ciudad dura una hora en cámara lenta.

Según la explicación oficial, el motivo es “preservar la seguridad de los pasajeros y de los empleados” que trabajan en las vías. Desde el Ministerio del Interior y Transporte reconocen que hay que mejorar los tiempos de circulación; al presentar el nuevo tren, el ministro Florencio Randazzo prometió que, a medida que avance la obra, la duración del viaje se reducirá hasta llegar a menos de 4 horas.

Las siete horas se hacen largas, pero el buen estado del tren las disimula bastante. La incógnita es cuándo se logrará reducir la duración del viaje. Y cómo cuidarán los trenes los pasajeros. Eso preocupa a Sara Magallanes, que a sus 87 años aún recuerda las buenas épocas de los ferrocarriles. “Añoraba estos viajes –dice–. Ojalá que ahora la gente los cuide”.