Ayer se cumplió un año de la muerte de Kevin Molina, el nene de 9 años asesinado por una bala perdida en la Villa 21-24 de Barracas, tras un enfrentamiento entre bandas de narcotraficantes que se disputaban el territorio. Fueron tres horas de intenso tiroteo y 105 disparos.

En memoria de Kevin, familiares, vecinos del barrio, la organización La Poderosa y distintas agrupaciones sociales realizaron un acto frente al Ministerio de Seguridad de la Nación, en reclamo de justicia y denunciando la negligencia de las fuerzas de seguridad intervinientes.

Además, exigen una explicación por parte de las autoridades ante la ausencia de la policía durante el hecho, luego de reiterados llamados al 911. Los vecinos denuncian haber llamado ocho veces (¡sí, ocho!), evidenciando el accionar policial cierto componente discriminatorio. Durante el acto, se hicieron públicas las desgrabaciones de las llamadas.

Entre las fuerzas afectadas, también se encuentran Prefectura y Gendarmería que, insólitamente, se desentendieron de los sucesos de la mañana del 7 de septiembre de 2013, con excusas tales como “No escuchamos nada por la lluvia” o “Que se maten entre ellos”.

Roxana y Claudio, padres de Kevin, se expresaron en una carta leída durante el acto: “Kevin tenía siete hermanitos que lo extrañan, porque estaba escondido debajo de una mesa, adentro de su casa”.

Entre otros, participaron de la jornada Nora Cortiñas, integrante de Madres de Plaza de Mayo línea fundadora, siempre presente en causas de esta envergadura, como así también el periodista Eduardo Anguita, director del diario Miradas al Sur.

Días después del asesinato de Kevin, La Poderosa decidió hacerle frente a la situación con una iniciativa tan novedosa como revolucionaria: crearon el programa “Vecinos sin gorra, control popular a las Fuerzas de Seguridad”, para detener el abuso de las instituciones securitarias. A su vez, bautizaron “Kevin” a la plaza que yace frente a su casa. Y en la edición de octubre de 2013 de la revista de la organización, le dedicaron el número de la publicación, con una foto de Juan Román Riquelme en su contratapa, en la que sostiene una remera de Boca con el nombre Kevin y el número diez.

La figura de Kevin es el faro que ilumina a los vecinos del Barrio Zavaleta. La muerte de este pibe de apenas nueves años, deja al desnudo el trato asimétrico y preferencial de la seguridad en el país, a cargo de funcionarios que gestionan de forma superficial la cuestión, respondiendo a las exigencias clasistas de los sectores acaudalados y esquivando debates necesarios.

Nacho Levy, militante de compromiso incuantificable, lo recuerda con justa rabia: “Hijos de mil puta”. Ustedes mataron a Kevin.

Federico Chiapparrone

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