La experiencia de ser madre marca un antes y un después en la vida de toda mujer. Por lo tanto, es muy importante una preparación adecuada para encarar este momento trascendente de la mejor manera. En ese sentido, un aspecto muy importante para la salud de la madre y del futuro bebé es la prevención a través de vacunas, una de ellas la de la hepatitis B.

La infección por el virus de hepatitis B constituye un importante problema de salud pública, estimándose que más de 2.000 millones de personas en el mundo están infectadas, de las cuales unas 360 millones tienen infección crónica con el consiguiente riesgo de enfermedad grave, cirrosis o cáncer de hígado.

En Argentina, esta enfermedad es la primera causa de hepatitis fulminante en los adultos. Se transmite a través de las vía sexual, parenteral y vertical; el 10% de los infectados puede evolucionar a hepatitis crónica y eventualmente desarrollar cirrosis y/o carcinoma hepatocelular con potencial compromiso de la vida.

Si bien a partir de la introducción de esta vacuna al calendario en el año 2000 para los recién nacidos, en los niños de 11 años en 2003, la vacunación obligatoria en el personal de la salud y las recomendaciones de vacunación de los grupos en riesgo ha disminuido la frecuencia de infecciones en los niños, siguen notificándose casos en adolescentes y adultos no vacunados o con esquemas incompletos.

Por ello, y con el objetivo de fortalecer el proceso de control y eliminación de la hepatitis B en el país a fin de disminuir la incidencia, complicaciones y mortalidad asociadas a la infección producida por este virus, la cartera sanitaria dispuso la vacunación a toda la población mayor de 20 años no vacunada y la de la mujer embarazada.

En nuestro país la vacuna se da a las 12 horas de vida para prevenir la hepatitis B neonatal, problema que prácticamente está controlado; y a los 2, 4 y 6 meses con la vacuna quíntuple. En tanto que a los 11 años se controla que tengan el esquema completo, y si no es así se inicia o se completa.