«Es humillante», dice Kevin Blanco mientras enseña la caja con las píldoras para animales a las que debió recurrir a fin de salvar un riñón trasplantado, ante una escasez cíclica de medicinas en Venezuela que ahora llega al 70% según cálculos privados.

La prednisona y el cellcept -inmunosupresores que evitan el rechazo de órganos trasplantados- desaparecieron de las farmacias públicas y privadas desde comienzos de julio y durante un mes, según pacientes consultados.

Esto puso en situación crítica a cientos de enfermos que no pueden suspender su consumo un solo día, a riesgo de perder el riñón o el hígado por el que esperaron años.

«Cuando se acabó la (prednisona) humana, empezó todo el mundo a buscar la canina», sostiene el presidente de la Federación Farmacéutica, Freddy Ceballos.