Marcela Fillol murió hace un mes a causa de una leucemia que surgió mientras ella denunciaba malos tratos de su ex pareja, quien no le permitió ver a su hija ni siquiera en sus últimos momentos de vida, una de las historias que pone nombre a un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que aseguró que la violencia «contribuye a que la mala salud se prolongue durante toda la vida de las mujeres y a una muerte prematura».

En el ‘Informe sobre la situación mundial de la prevención de la violencia’ el organismo de las Naciones Unidas aportó que muchas de las principales causas de muerte, como las enfermedades coronarias, los accidentes cerebrovasculares, el cáncer y el VIH/sida, están «estrechamente vinculadas con experiencias de violencia».

El tabaquismo, el consumo indebido de alcohol y drogas, la adopción de comportamientos sexuales de alto riesgo, los trastornos del sueño o la alimentación -anorexia y obesidad-, la depresión y ansiedad, los embarazos involuntarios y la diabetes, son algunas de los dolencias enumeradas en la pesquisa.

«A los 12 años tenía un cuerpo grande. Recuerdo la mirada obscena, invasiva de los hombres. Eso me provocó una molestia con mi propio cuerpo que generó una curvatura de espalda, en un intento inútil por esconder mis pechos prominentes», compartió con la agencia Télam M.H, una mujer que prefiere preservar su identidad.

De adulta, ella fue víctima de violencia, pudo denunciarla y pedir ayuda, a la par de convivir con un cáncer de mamas del cual está recuperada y «no reconociendo mi cuerpo, eligiendo durante tres años la abstinencia sexual impuesta».

Enfermedades crónicas, artritis, asma, problemas renales y hepáticos son patologías que la OMS identificó consecuentes con las violencias en el cuerpo de las mujeres.

Silvia Piceda junto a Sebastián Cuattromo fundaron ‘Adultos por los derechos de la infancia’, donde como sobrevivientes de abusos en su infancia, realizan acciones preventivas y acompañan a víctimas.

Ella atravesó un proceso judicial difícil: «Cuando pude volver a pensar en mí, me encontré viviendo con un mioma de casi 10 centímetros y una maculopatía en mi ojo derecho», reseñó, luego de ser contactada, como otras mujeres, por Télam, gracias a la red Rima.

Lesiones abdominales, torácicas o cerebrales, quemaduras, fracturas, desgarros, discapacidad, trastorno por estrés postraumático, comportamiento suicida y dolencias ginecológicas son parte del listado de la OMS.

«Mi mamá vivió luego de su cesárea más de la mitad de su vida con una doble eventración (hernia) ¿Para qué ir al médico? ¿Para gustar a otros hombres? Era el planteo de un marido patriarcal. Cuando papá murió, ella se operó. Fue un antes y un después en su vida, pero las huellas invisibles de la violencia psicológica están», contó Cristina P.

Marcela Fillol no lo logró. Su enfermedad terminal «se desarrolló de manera simultánea a la lucha para recuperar a su hija, que le había sido quitada por el padre 16 meses atrás y con la que no tenía contacto desde entonces», recordó su mamá, Marizú Terza.

El proceso de que los países entiendan y asuman el tema de la violencia de género como un problema «muy importante de salud pública ha sido muy lento», señaló Christopher Mikton, funcionario de la OMS, al presentar el informe a fines de febrero último.