El 16 de marzo se cumplieron 21 años del histórico recital de los Ramones en el estadio Monumental, la despedida con el público argentino de una de las bandas más influyentes de la historia del rock.

Para marzo de 1996, Los Ramones ya eran toda una leyenda en todo el mundo. Como banda fundacional del punk rock, su impulso fue trascendental para la incipiente escena punk londinense, un circuito que integrarían otras bandas míticas del genero como Sex Pistols o The Clash y que encontraron en los norteamericanos la inspiración necesaria para terminar de darle forma a algo que le devolvió la vida al rock and roll mucho antes de convertirse en otro producto de la industria cultural.

A pesar del merito que significaba ser protagonistas de algo que nunca pasaría de moda, durante los 22 años que estuvieron sobre los escenarios, siempre fueron rechazados por la crítica de su país por pertenecer a un fenómeno contra cultural para la época. Experiencia completamente distinta a la que vivían en sus constantes visitas a la Argentina, lugar del planeta que los adoptó y se transformó en “ramonero” mucho antes que su Nueva York natal gracias a que los medios de comunicación pertenecían a los mismos empresarios que los contrataban. Sincronización ideal que influyó a la masividad de un grupo que en Estados Unidos solía tocar para 200 personas en el mítico CBGB de Manhattan que los vio emerger.

Fue así que el 16 de marzo de ese año tuvieron su despedida a lo grande en el estadio Monumental de River Plate junto a referentes locales como Attaque 77, 2 Minutos y Superuva, más Die Toten Hosen e Yggy Pop como invitados internacionales de la fiesta, punto culmine de su gira “¡Adiós amigos!”, nombre con el que eligieron bautizar el disco con el que le pusieron punto final a su carrera y se despidieron para siempre de sus fanáticos para pasar a ser uno de los grupos de culto más influyentes de la historia del rock.

Un show inolvidable para los miles de espectadores presentes en el último Hey Ho Let,s Go, grito de guerra característico del cuarteto punk que por esos días revolucionó Buenos Aires.

Luis Gimenez