En medio de un mundo convulsionado por los desencuentros, las ambiciones, los fanatismos, los odios revanchistas, que dolorosamente vemos en las pantallas de noticias internacionales, quiero comentarles que hay otra pantalla y que en ella se advierte otro mensaje.

Esa pantalla es el cine actual. Los que tenemos algunos años recordaremos que las películas relacionadas con la guerra, se basaban exclusivamente en demostrar de qué manera y con qué sacrificio, los buenos triunfaban contra los malos, con algunas dolorosas bajas, pero con un final emocionante y feliz, festejando el regreso triunfal de los héroes.

Hoy es otro el enfoque de la guerra, y tratándose del cine, que es un medio masivo de comunicación, me permito desplegar tímidamente mis alas hacia la esperanza de un mundo mejor. Si ya no es posible para mis hijos, tal vez para mis nietos.

Ustedes se preguntarán de qué se trata lo que estoy diciendo. Por eso quiero explicarles.

El arte ha cambiado rumbos en la historia, fundamentalmente a través de la literatura. Los libros movieron montañas sembrando ideales de libertad, igualdad, fraternidad, democracia.  Las generaciones jóvenes de entonces que se nutrieron en ese espíritu, fueron los artífices de los movimientos independientistas y revolucionarios americanos y  europeos.

Hoy tal vez le toca el turno al arte cinematográfico, con la ventaja de estar al alcance de todo el mundo, sin distinción de nacionalidad, raza ni clero. Para los poco afectos a la lectura, la imagen puede quedar muy grabada en sus mentes y tal vez dejar su mensaje esperanzador.

Me refiero a una  importante cantidad de películas, de distintas nacionalidades, que apuntan desde hace algunos años a mostrar la sin razón de la guerra, el dolor de los auténticos perdedores de estos enfrentamientos, y la impotencia de padres e hijos frente a la locura de los gobernantes, o de líderes de movimientos religiosos.

Les nombro a modo de ejemplo: Cartas de Iwo Jima EEUU 2006); La sal de la Vida( Grecia 2003); Y ahora adónde vamos( Francia, Líbano, Israel y Egipto, 2011); El otro hijo (  Francia 2012); Ida ( Polonia 2013); La bicicleta Verde ( Arabia Saudita 2014); Los Limoneros ( Francia, Israel y Alemania 2008); 2 States ( India 2014) y tantas otras.

Todas ellas tienen un denominador común: mostrar que el verdadero dolor, la verdadera pérdida irrecuperable está en esos padres o abuelos desterrados, o errantes, o sin tierra y en esos tantos hijos enterrados para siempre.

Me anima la esperanza de que los jóvenes formados a través de estos mensajes, puedan encontrar de adultos la forma más humana de dirimir sus diferencias y redimir así tanta sangre derramada para negocio de pocos y ambiciones desmedidas de otros tantos. Tal vez hoy estoy en un día demasiado optimista, pero me hace bien al alma creer que sea posible…