El Gaslighting, es una forma de manipulación y abuso psicológico que hace que la gente cuestione su propia memoria, percepción y cordura.

El término proviene de una obra teatral de 1938, «Gas Light», en la que un marido intenta convencer a su esposa y a otros de que está loca: cuando atenúa las luces de gas, insiste en que ella se lo está imaginando.

Hay tres etapas de gaslighting en una relación: idealización, devaluación y descarte.

En la etapa de idealización, la víctima pierde la cabeza por quien hace luz de gas pues proyecta una imagen de sí mismo como el compañero perfecto.

La etapa de la devaluación golpea fuerte: la víctima pasa de ser adorada a ser incapaz de hacer algo bien, pero después de haber probado el ideal, está desesperada por arreglar las cosas.

Luego viene la etapa de descarte en la que se deja caer a la víctima para pasar a la siguiente: esto sucede a menudo simultáneamente con la fase de idealización con la próxima víctima.

Comportamiento controlador o coercitivo en una relación íntima o familiar

Comportamiento controlador: una variedad de actos que hacen a una persona subordinada y / o dependiente de su abusador. Estos incluyen aislarlos de las fuentes de apoyo, privarlos de los medios necesarios para su independencia, resistencia y escape y la regulación de su comportamiento cotidiano.

Conducta coercitiva: un patrón de actos de asalto, amenazas, humillación e intimidación u otro tipo de abuso que se usa para perjudicar, herir, castigar o asustar a la víctima.

«Nunca encontrarás a alguien mejor que él, es perfecto, ¿no quieres niños?», me decía la gente.

Llegó al punto, sin embargo, cuando supe que no podía quedarme.

Sentí como si mi cuerpo y mi cerebro se derrumbaran por el simple agotamiento de tener que manejar la vida con ese hombre. Aumenté de peso, pero no podía hacer ejercicio porque no le gustaba que estuviera lejos de él. La comida se convirtió en mi mayor consuelo.

Le temía a la idea de irme, pero estaba aterrorizada ante la idea de pasar el resto de mi vida con él.

Eventualmente, llegó la oportunidad de escapar, y pude empacar mis pertenencias sin que sospechara. Con el apoyo de mi hermana, pude alejarme y colapsé en el piso de su cocina.

Necesité terapia para entender que no era normal que tu pareja le quitara las bisagras de la puerta del baño porque lo «dejaba» para ir al retrete o para bañarme.

Solía atesorar mis momentos de soledad sentada en el baño con un libro. Cuando estaba con él, miraba el reloj, calculando cuándo podía escapar para tener unos minutos de paz tras la puerta cerrada. Pronto se dio cuenta y mi corazón se hundía cada vez que escuchaba el destornillador en las bisagras, con él llorando porque solo quería estar conmigo.

Cuando conté esas cosas en voz alta por primera vez pude comenzar a reconocer que era una locura, pero en ese momento sencillamente era mi realidad.

La terapia abrió un mundo completamente nuevo de comprensión y terminología: palabras como «narcisista» y «Hacer luz de gas» o «Gaslighting» eran nuevas para mí. No tenía idea de que el abuso pudiera ser así.

Fue a través de la terapia que entendí que me habían «hecho luz de gas» y que mi percepción del mundo había cambiado durante esos años de tratar de hacer lo imposible: satisfacer a un narcisista.

Finalmente me di cuenta de que yo no era la causa de nuestros problemas: en su juego yo no podía más que fallar.

Fue mi terapeuta quien me sugirió que contactara a la ex novia del encantador hombre.

«¿De verdad?» Dije. «Pero era una loca, ella lo atacó».

El terapeuta asintió sabiamente y me recordó todas las otras formas en que él había tergiversado la realidad. Él siempre fue la víctima; nunca nada fue su culpa en la realidad alternativa que había creado.

Localicé a su exnovia que estaba viviendo en el extranjero. Respondió inmediatamente a mi nervioso mensaje diciendo:

«Sí, quiero hablar contigo, he estado esperando que te pongas en contacto».

En el momento en que la llamada se conectó, sentí una oleada de alivio: había alguien que entendía.

Hablamos durante cuatro horas, cada una terminando las oraciones de la otra. Ella había hablado con otras mujeres que me habían precedido: el hombre encantador nunca había estado solo por mucho tiempo.

Escuchar sobre sus historias de depresión e intentos de suicidio fue escalofriante. Ese hombre encantador estaba destruyendo vidas sistemáticamente.

Sin embargo, en ese día de verano encontré esperanza: mientras hablaba con la exnovia, podía escuchar en el fondo a su marido cortando el césped y los niños jugando en el jardín. Esa instantánea de una vida compartida, de una vida familiar que una vez pareció tan aterradora, de repente parecía estar a su alcance.

Supe que el hombre encantador tiene una nueva novia. Quisiera decirle: «¡Sálvate! No eres tú, es él, lo que él te está haciendo es ilegal, puedes detenerlo».

Pero sé que por ahora solo soy otra exnovia loca.

Ella necesita acercarse a mí cuando esté lista. Por ahora, todo lo que puedo hacer es vivir la vida al máximo, proporcionar ese pedacito de esperanza el día que ella me contacte.