Mano a mano con el músico argentino Lucho Cervi. Conocido por todos y a la vez, desconocido. Un talentoso y virtuoso, profesional y dedicado -en totalidad. Se aguantó preguntas terribles. Respuestas imperdibles.

Lucho Cervi en París, 2019.

Conocí a Lucho hace diez años cuando decidí trabajar en la industria de la música.
Quién me convenció a tomar esa decisión fue con quien yo estudiaba el instrumento bajo en ese entonces.
Fue este mismo bajista -mi profesor y mentor- quien se había comprometido auxiliar a Lucho Cervi en uno de sus shows. Es que Lucho había perdido a su anterior bajista -quien se había comprometido con Ciro, el ex “Ataque 77”, en lo que se armaría como “Jauría”- y tenía a mi profesor de aquel entonces como un auxiliar para cumplir sus compromisos.
El tema fue que dos o tres semanas antes del show, las agendas de Lucho y la de mi profesor de bajo -un famoso bajista con mucha ruta- se superpusieron. Fue ahí que entonces apareció mi nombre en escena. Yo todavía no conocía a Lucho. Sólo de vista en las salas de ensayo y estudio que él todavía tiene hoy en día en Juan B. Justo y Boyacá (el estudio y sala SonoBeat).
Me dieron un Cd (entiendan que fue hace una década) y me dijeron que saque del tema 1 al 4 para el…¿jueves?. Me quedé estupefacto. Tenía 48 hs para sacar temas de oído, practicarlos, aprenderlos, y al fin ensayarlos para un show profesional dentro de dos semanas -que creo era en Le Bar.
Yo era un purrete y para mi todo eso era un desafío grande. Era salir de las salas de ensayo amateur húmedas y oscuras que compartía con mis amigos del secundario para probarme en el suelo áspero del profesionalismo. El cambio no podía ser tan radical: el primer ensayo sería en el mismo estudio de Lucho Cervi, un espacio en común donde pasaban un montón de músicos día y noche y donde se respiraba y aún se respira profesionalismo, pasión y presión.
Inconscientemente yo sabía que aquel «primer ensayo» de cuatro temas era en realidad una prueba. Claramente uno prefiere siempre ensayar en un estudio profesional lleno de equipos, tecnología, comodidades, una barra de bebidas personal, aire acondicionado y gente profesional y famosa dando vueltas a tu alrededor. Lo que uno no piensa a primeras es que, como en todo, cuánto más lujo y comodidad haya, más responsabilidad y presión a la par existe. En aquel primer ensayo/prueba, yo no podía descifrar del todo el perfil de Lucho. Todavía no sabía que detrás de Lucho Cervi emerge una figura tan relajada como profesional. Tan informal como establecida. Tan desconocida como conocida.
Recuerdo que, por tecnicismos en la afinación de la banda, no podía usar mi bajo y me prestaron uno. Era el mueble más pesado que levanté en mi vida. Un Gibson de hace tres o cuatro décadas que valía más que todos los ahorros que tenía mi padre en toda una vida de trabajo asalariado. Estaba parado con ese mueble colgando de mi espalda, en un estudio profesional, con un sonidista tan profesional como sarcástico -no son la excepción en este ambiente- que más tarde supe querer mucho, quien recordaba haberle hecho sonido a los Red Hot Chilli Peppers o a Santaolla como quien recuerda en voz alta que cenó la noche anterior. Imáginense mi cara en ese nuevo contexto.
Mientras armábamos todo para ensayar esos cuatro temas y yo intentaba acordarme cada una de sus partes y parecer profesional y sabiondo, en el panel de grabación del otro lado del estudio pasaban músicos profesionales mirando cómo se armaba el ensayo y observando cómo se armaba la prueba. Ahora sé que hay algo mítico en las pruebas de músicos. Es como antiguamente fue la corrida de toros. Es como si se midiera la bravura. Se da por sentado que quien está a prueba se equivocará, se perderá, que en algunas cosas no habrá feeling. Pero lo que se mide no es eso sino cómo se repone uno a cada error, cómo se adapta uno a cada momento y en qué velocidad uno lo hace.
Estábamos a punto de repasar esas cuatro canciones. Yo lo sentía cómo una bisagra en mi vida -ciertamente lo fue. Dicho sea de paso, mientras en esa sala cada músico ecualizaba su sonido (en ese momento Lucho tenía un cuarteto como formación para más tarde agregarle una voz coral femenina) yo no podía ni enchufar el cable del bajo/mueble  prestado, todo gracias a los nervios. El contexto me sobrepasaba.
Lucho me generaba -y lo sigue haciendo- un respeto extraño. Su actitud me era totalmente relajada. No sentía que me juzgara en absoluto. Sin embargo, implícitamente podía reconocer cómo la calidad y la excelencia eran condiciones excluyentes en su mundo. Todo giraba con un aire de desapego a la par que de presión intensa, en simultáneo. Todo con un halo de magia, humildad y una exigencia implícita en conjunto. No podía ni puedo explicarlo.
Javier Pachy era el baterista -hoy lo sigue siendo además de un exitoso productor musical- marcó 4 con los palillos y empezó la prueba. Sonido fuerte, pop intenso y duro, contradictoriamente delicado y detallista. Dedo gordo levantado del sonidista del otro lado del vidrio en la sala de control, todo sonaba bien. La verdad para mí: no sé qué toqué. Sólo me acuerdo de los nervios y la tensión, enemigos directos de la concentración y de la ejecución eficiente en la música.
Al fin y el cabo, de esa tarde sólo tengo dos imágenes claras: En un momento, levanté la vista y vi a Lucho y a su banda tocando totalmente compenetrada. ¡Lo estoy haciendo, estoy aportando a la banda y la cosa fluye! Sentí que era como un surfer domando una ola. Entonces miré hacia el panel de grabación del otro lado del ventanal y encontré al sonidista junto a mi profesor de bajo y algunos otros músicos -conocidos, eminentes- mirándome del otro lado del vidrio escuchando cómo salía todo.
La otra imagen que recuerdo con claridad, desde luego, es el final del ensayo. Lucho se acercó tímidamente y me preguntó: “¿Podés tocar dentro de dos semanas?”.

 

Lucho en Barcelona antes de tocar, este año.

Fui bajista de Lucho Cervi durante dos años aproximadamente. Tocamos por todos lados. Shows de él, shows de otros o de otras, eventos estatales en lugares imponentes. Conocí un montón de personas, de todos los estilos de música. Conocí a fundadores y retractores y oficialistas de la industria de la música a nivel nacional e internacional. Aprendí a convivir con el metrónomo como si fuera mi respiración. Aprendí a trabajar de forma eficiente y lúcida. Y a medida que conocí a quien era mi jefe -Lucho Cervi- fui comprendiendo todo lo que me había pasado a primeras con él. Era extrañamente desconocido a nivel popular pero extremadamente conocido a nivel artístico. Conocido por todos, aceptado por todos -al menos en el pop argentino- no había tenido la buena espina de estar en el lugar correcto en el momento correcto.
La historia se remonta a fines de los noventa cuando MTV (en ese momento, imperio monopólico de la industria musical) empezó a mover el corte difusión de la banda que Lucho lideraba, “Auge”.
Todo crecía. Por eso les surgió la posibilidad de irse de gira a Centro América con Catupecu Machu. ¿Quién negaría la propuesta?
Cuando él y su banda volvieron a Argentina -convencidos de que su disco estaría detrás de Bocanada en las ventas- se encontraron con otro contexto radicalmente opuesto: más que un éxito, encontraron al Titanic en su peor crisis. Poco movimiento de ventas, desatención del sello discográfico, una agenda de shows sin línea y descontinua, y aquel lugar que habían tenido en los diarios, las agendas públicas y sobretodo en MTV, ya no existía en absoluto. En la cadena televisiva, sobretodo, sonaba ahora una banda nueva que antes del viaje de la gira del Caribe, no existía. Una tal “Miranda!”.
Lucho en seguida se dio cuenta. Su banda “Auge” estaba en la larga fila de las crónicas de una muerte anunciada. Más tarde siguió la disolución formal de la banda y, en su vida personal, una enorme depresión que lo paralizaría por años.
Algún tiempo después, avanzado el nuevo milenio y una vez tocado fondo, Lucho se animaría a recorrer su camino solista.
Empezaría una carrera musical de cero -olvidándose de la promesa que el mundo de la fama pareció haberle hecho en el pasado- y empezaría a construirse a si mismo a través de una vanguardia arriesgada y, definitivamente, sobre una espiritualidad espontánea, moderna, verídica. Fue en ese momento cuando nos conocimos.

Hoy, diez años después, mucha agua pasó por debajo del puente para ambos. Continuó con su trabajo solista. Yo volví al mundo de donde había salido -la música pesada, y más tarde a la escritura. Él siguió sacando discos de forma independiente y en asociación con el gran Tweety Gonzales -quien supo ser productor de Gustavo Cerati y Shakira, entre otros.
Lucho empezó un trabajo nuevo en lo audiovisual sacando videoclips de la mano del famoso director Andres Caballero. Apareció en la carta de Netflix. Reformuló su banda solista -del quintero, a un cuarteto con pistas, a un confrontativo power trio. Se dio una vuelta por los escenarios de Europa -creo que París sobretodo le tocó el alma- y aquí está ahora dándonos una nota en la víspera de su cierre de año.

TG: Hola Lucho. Gracias por recibirnos.
Tenes mas de dos décadas de trayectoria. Primero con banda, después solista. Sos conocido y, al mismo tiempo, no del todo. Tocaste en todos los lugares chicos, medianos y grandes por haber y con todos. Incluso estuviste este año tocando por Europa.
¿Como se vive eso desde tu rol y experiencia? ¿Que sensación te produce haber pasado por tanto tantos años?

LC: No creo que sea conocido; pero recorrí un largo camino. Es verdad que también toqué en muchísimos lugares muy diferentes en situaciones totalmente disimiles, es una gran experiencia pero, a la vez, siento que siempre vuelvo a empezar. Y si, los años pasan mas allá de lo que hagas o no hagas. En lo particular no siento que tenga un rol en especial mas que hacer lo que me gusta y transitar por este camino.
Tampoco siento el tema de la experiencia como una carga. Mas bien, se puede decir que me sirve para relajarme y no tomar todo a la tremenda ni con tanta presión.
El tema de haber tocado tanto durante tanto tiempo es algo muy extraño, como si empezaras a perder un poco la noción del tiempo. Por eso decía que es como empezar siempre de cero. Creo que como a la mayoría de las personas sentimos que el tiempo pasa cada vez mas rápido. Es evidente que uno recuerda anécdotas con la música, algunas de hace mas de dos décadas. Eso es lo que me descoloca un poco. Así que, pensándolo bien, todo este tiempo de tocar por todos lados me sirvió para auto-reinventarme, poder seguir adelante y cuando es momento de recordar, que sea con una sonrisa… pasó mucho de todo y todo fue para aprender. Sin duda.

TG: Sabemos que van a ser muchas. Pero contános como vivis algunas de las diferencias entre salir a tocar en los 90tas -con los cds, los shows para presentar temas y los volantes de papel- y como es ahora en la era de la información.

LC: Había un movimiento tremendo y los lugares no eran muchos, pero la noche era intensa y si estabas al tanto tenias cosas muy diversas e interesantes para ver y todo estaba muy relacionado con el arte en general.
Nosotros con mi banda (Nota TG: “Auge”) antes de cada show hacíamos afiches y volantes. Sin excepción. Pensá que era la única forma de difundir las presentaciones. La única para llegar a la gente. En esa recorrida nocturna íbamos siempre repartiendo la información. Era todo distinto, en los shows por ejemplo hacíamos un stand pero para cds. Y mirá: Antes de eso, hacíamos demos en cassettes y los vendíamos o regalábamos en los shows, antes de llegar al primer disco. De esa manera la gente podía escuchar las canciones en sus casas y cuando volvían a vernos ya saberse los temas.
Por supuesto: también existía el “Si” de Clarín y el “No” de Pagina 12 que eran los lugares donde podías ver la agenda del finde y todos los conciertos, y ahi siempre nosotros con Auge, estábamos.
Por lo tanto creo que la diferencia es que era todo tracción a sangre. Así se marcaba la diferencia. Era mas social, había que estar ahí en todos lados dando la cara y charlando. Ahora es teniendo la mayor cantidad de seguidores en instagram -o donde sea- y compartiendo ahí mismo toda la data. Creo que eso hace mas difícil marcar la diferencia, es un océano de gente y de información a toda velocidad, no hay tiempo para procesar nada.

TG: Hay muchísima gente que sueña conocer a su estrella de música. Vos tocaste sin dudas con todas las estrellas del pop y rock nacional o, al menos, estuviste girando cerca. ¿Que faltó para que vos dieras el batacazo? ¿Puede ser que hayas ponderado siempre lo artístico sobre la carrera en si? ¿Cuál es tu perspectiva?

LC: Es algo que realmente ya no pienso mucho. Antes vivía pendiente de eso y creo que me trajo muchos problemas personales, y demasiado tiempo perdido en ese pensamiento.
Yo estuve cerca de todo y muy alejado de mi. El tema del batacazo también es algo muy relativo. Hay miles de factores que se ponen en juego y con el diario del lunes podemos hacer infinidades de análisis que, para mi, ya no tienen sentido. Todos tenemos un camino a recorrer y hay que aprender, entre tanto, que no todos tenemos que llegar al mismo lugar, con el mismo parámetro.
Y en cuanto a lo musical, siempre obviamente hice lo que me pareció mejor artísticamente.

TG: Viste lo que pasa con la vanguardia. Tarda en digerirse. No es raro que en Europa el público te haya asimilado con mas naturalidad que en Argentina, tu país natal. ¿Te importaría que tus discos se hagan tremendamente populares mañana o dentro de algunos años? ¿Que te produce pensar en esa posibilidad? ¿O sentís que estas bien en este lugar?

LC: Si en un futuro mis discos se escuchan mas y son populares seria genial, me encantaría y si esto no sucede no me entristecería, estaría todo bien, esa es la verdad. Trato de que cada proyecto tenga una estética definida, que contenga una textura, un audio o un sonido que lo defina, tal vez hoy en día parezca mas cercano a la vanguardia en comparación a lo que se escucha popularmente.
En Europa claramente hay otro acceso y una mirada mas respetuosa de lo que es el arte. Me gustaría volver el año que viene.

TG: ¿Qué le dirías a alguien que recién empieza a tocar? Para los que son puro sueño e ideales: ¿Que le dirías del recorrido y del ambiente y del profesionalismo?

LC: Sin dudas que hay que perseguir los sueños e ideales, cada uno tiene un camino, y hay que buscar el propio. De eso se trata, de ser tu mejor versión, y para eso hay que trabajar mucho. Y saber estar firme y persistente durante el camino. El ambiente es decisión de cada uno, hay de todo y para todos.

TG: Ademas de tu carrera solista, siempre tenes proyectos. ¿Conoces esa palabra? ¿»Proyectos»? Ahora hablando en serio, contános en qué andas.

LC: Estos últimos tiempos estoy muy atento a los proyectos y me abro mucho a ellos. Esto me sirve para salir de mi encierro artístico y abrirme a otras propuestas. El año pasado salió una película en el cine en la cual compuse toda la música y lo mejor fue que eran canciones que tocaba una banda, así que también grabamos el disco entero, una banda sonora que suena en toda la obra.
La peli ya esta Netflix (Nota: “Solo el Amor”, Andres Caballero, 2018). Y en este momento estoy con un proyecto nuevo, un dúo electropop junto a Diego Chamorro en el cual hacemos versiones de canciones de los 80” en ingles y nos estamos presentando 2 veces al mes en el Hotel Faena.
También ya estoy a punto de entrar al estudio grabar canciones nuevas… Y en noviembre voy a hacer un show con varios invitados, despidiendo “Impuso”, mi último disco. La idea también es proyectar todos los videos que hicimos. Y ahora hace días me salió una propuesta muy interesante para integrar una banda pero todavía no hay nada confirmado, ya te contare…

TG: Sabemos que tenes tus propias definiciones. ¿La música y el arte tiene alguna función en este mundo? Si es así, en esta Argentina, ¿que función tiene? ¿O cual te gustaría que tenga?

LC: En mi caso la música es una forma de vida, la elegí como el medio para expresarme. Así de fácil.
Para mi es un escapismo. Me acuerdo cuando era adolescente, con ese espíritu de evadir todas esas cosas del sistema que uno quería evitar aunque fuera imposible. Como un refugio para el alma. Aunque para la mayoría creo que es todo lo contrario: a través del arte expresan su descontento con el sistema, literalmente. Lo bueno de esto es que cada uno posee la libertad para comunicarse y decir lo que quiera. En ese sentido, el alma no pierde.

TG: Tu primer disco solista («Dramadisco», 2009, UMI) es pura catarsis. Es una pincelada de arte post crisis personal. Y se nota. En el siguiente («Chica actriz», 2012, Twitin Records) esa persona destruida y despechada creo que empieza a exigirle al mundo de igual a igual, con cierta autoestima, ya de pie. Y en tu ultimo disco trabajo («Impulso», 2017, Tweetin Records) directamente hablás de una unión con el Universo y trasmitís cierta experiencia de dicha, emocional y espiritual. Musicalmente lo siento mas rebelde -es mas rockero que lo anterior-y paralelamente la lírica viene con mas sabiduría, con una profundidad añadida. ¿Ves ese recorrido en tu obra y vida? ¿Crees que algún momento (o disco) es mas importante que el otro? ¿Que le dirías a alguien que está pasando por cada una de esas fases?

LC: «Dramadisco» es una catarsis de muchos años, hay un demo del 2004 que ya tenia varias canciones para el disco. Durante toda esa época toque muchísimo sin parar y sin hacer difusión, lo único que quería era tocar y no tener que sostener la carrera desde otro lugar post separación de mi ex-banda.
Después viene Chica Actriz. Ahí es donde empiezo a laburar en mi home estudio y veo que puedo tocar todo, grabar, mezclar y producir. Es un disco muy prolijo y como decís, ya estoy mas lucido y de pie.
Después jugué con Simples y adelantes. Porque viene un simple con dos canciones que se llama “De viaje hacia algún lugar” 2014 independiente -Twitin Records. Donde creo que las letras son las más espirituales y de conexión con algo más profundo, más cósmico por así decirlo.
Después aparece “Excusas” (canciones que me di el lujo de mezclar en el estudio de Tweety Gonzalez gracias a su generosidad), como adelanto de lo que seria “Impulso”. Me encantó hacerlo. Estuve mucho tiempo encerrado para lograr ese audio. Realmente me deje llevar a hacer lo que naturalmente tenia que ser y ese es el resultado. Hoy lo escucho y me encanta. Es muy difícil que eso me pase. Es curioso porque es un disco mas rockero pero a la vez esta hecho como si fuese electrónico (sin programar nada, está todo tocado).
Veo el recorrido emocional e interno en los discos y las diferentes etapas. Es la manera con la me expreso. Ningún disco esta pensado ni diseñado con algún fin mas que sacarme de encima lo que tengo que decir. No hablo sólo de la letra sino también de la música, la estética y el audio.
No creo que ningún disco o momento sea mas importante que otro, Pero si son diferentes momentos. Marcan los antes y después. Hoy el que mas me identifica es “Impulso”. Pero ya siento muchas ganas de seguir con lo nuevo.
Para cerrar, creo que uno cuando está pasando por esas fases creo que no se da cuenta. Se toma perspectiva con el tiempo, donde podés ver de dónde venía y hacia donde se dirigía todo.

TG: La última Lucho, y te agradezco el tiempo. Qué le dirías a los que se frustran. A los que pierden la paciencia y a los que les cuesta. Hay muchos que son negados por este país. Pero sin embargo tienen la voluntad de pasar del «Drama» paralizador al «Impulso» positivo. Desde ahora te dejo solo con ellos. ¿Que les decís?

LC: En este país es muy fácil que te sucedan cosas duras. Hagas lo que hagas, no se trata sólo de la música. Pero en lo que es mi hábitat creo que hay que estar preparado para ser devorado y castigado a golpes. Suena duro, pero es así. Para eso tenes que tener muy claro que es lo que querés, y saber que en el camino reina la incertidumbre y escasean la certezas, como en la vida misma. La persistencia es un gran arma en estas circunstancias pero creo que lo mas importante es no perder esa pureza y esas ganas de la primera vez, de lo lúdico y de la fantasía. No entrar en el estado general de frustración y negatividad. Tenemos que recordar que en la música como en la vida, de verdad todo se trata de jugar.
Y en mi caso, para mí, se trata de no perder esa unión que se siente con la música. Esa unión misma que me hace sentir parte de ella.

Agenda – Próximas Fechas de Lucho Cervi:

-2 de Octubre en formato dúo con D.Chamorro «Hearbeat» en el Hotel Faena – Martha Salloti 445, Puerto Madero, CABA.
– 5 de Octubre en formato banda eléctrica en Belushi – Honduras 5333 – Palermo

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