La política de un niño por pareja o política de hijo único, es una medida de control de la población establecida en zonas urbanas de China en el año de 1979, con el fin  de establecer un radical control de la natalidad que redujera el crecimiento de la población excesivo o superpoblación, ya que  China es el país más poblado del mundo, albergando a  la quinta parte de la población mundial.

Esta política siempre ha causado polémica dentro del país Asiático así como también en las afueras, debido a la manera en la cual se ha aplicado (para algunas personas agresiva), y debido a preocupaciones por consecuencias económicas y sociales negativas que de ello derivan.

En ese sentido, esta ley creada para controlar la superpoblación está causando graves consecuencias demográficas, debido al rápido envejecimiento poblacional y a la escasez de mano de obra, entre otros factores, es así  el Partido Comunista Chino decidió el pasado año relajar la medida y permitir un segundo hijo a las familias en las que uno de los cónyuges carezca de hermanos. Antes esta excepción sólo se ofrecía si tanto el padre como la madre cumplían el requisito.

Hasta finales de agosto, de las 21.249 parejas que habían enviado  solicitudes, a 19.363 se les ha concedido permiso, de acuerdo a estadísticas publicadas por la Comisión de Salud y Planificación Familiar de Pekín, de todos los solicitantes, alrededor del 56 % son mujeres de entre 31 y 35 años, y otras 537 tienen más de 40 años, el resto de las peticiones fueron realizadas por hombres.

Además, el Gobierno chino lanzó la pasada semana un programa para frenar la realización de exámenes de género ilegales en fetos y los abortos selectivos con el objetivo de controlar el excedente de población masculina en el país, lo cual genera un gran excedente de población masculina, donde en la franja poblacional menor a 30 años de edad hay más de 20 millones más de varones que de mujeres.

Andrea Imbachi