La oposición venezolana, una galaxia de formaciones políticas de diversa ideología que confluye por fin unida a las elecciones del domingo, se aferra al desgaste de la figura y la gestión del presidente, Nicolás Maduro, para arrebatar al chavismo el control de la Asamblea Nacional por primera vez en 17 años. Durante meses, los sondeos han situado a los críticos con el oficialismo como favoritos para conseguir la mayoría.

Los últimos días, y ante la intensificación de la campaña chavista, esa brecha se ha reducido y todo apunta a un resultado ajustado.

La agudizada crisis económica, el desabastecimiento y sus consecuentes colas, la inseguridad crónica y los sistemáticos ataques a los líderes opositores parecen haber conseguido movilizar a una oposición que, generalmente, ha acudido fragmentada a las elecciones. Con esta unidad pretenden no solo ganar en número de votos, algo que ya consiguieron hace cinco años, sino lograr superar la asimetría electoral que favorece al chavismo y hacerse con la Asamblea Nacional.