Algunos los odian, otros no pueden vivir sin ellos, pero nadie duda de que los símbolos para complementar la comunicación por las plataformas digitales se han convertido en una ‘lingua franca’.

La mayoría de personas con el auge de las telecomunicaciones nos comunicamos cada vez más a través de aparatos electrónicos ya sea computadoras, celulares etc. y  el uso de emoticones o emoji se ha vuelto muy popular en los mensajes vía chat, se supone que hay 800 de ellos y según los cálculos de expertos a diario el ojo humano ve más estos dibujos que las señales de tránsito o los anuncios publicitarios, según Emojitracker, un sitio que mide el uso en tiempo real de estos símbolos, la gente en promedio emplea entre 250 y 350 emojis por segundo en redes sociales y mensajería instantánea.

Aunque muchos remontan su origen al siglo XIX hay consenso en que el primer emoticón fue creado en septiembre de 1982 por Scott Fahlman, un profesor de la Universidad Carnegie Mellon que estableció los dos puntos, el guion y el paréntesis como la mejor manera de indicar que un mensaje escrito a máquina era realmente una broma, “Léanlo de lado” fue su única instrucción, desde entonces la creatividad ha dado origen a otros muy ingeniosos como la carcajada XD, la rosa @—–, y sin duda el más creativo de todos: la cara de Homero Simpson (_8^(I).

Sin embargo, hoy a pesar de su popularidad hay un abismo entre quienes creen que estos dibujos le dan a los mensajes un toque humano y los que consideran que en lugar de contribuir disminuye la posibilidad de comunicarse eficientemente, por otro lado hay quienes consideran que son beneficiosos ya que  la comunicación por chat deja muchos vacíos, debido a que por este medio se pierde todo el lenguaje no verbal que complementa la comunicación cara a cara.

En últimas, lo importante es saber usar este léxico de emojis como una herramienta buena y divertida  de comunicación, teniendo en cuenta nuestro grado de confianza y la sintonía que tenemos con   las personas a quien van dirigidos, así como también en lo posible limitar un lenguaje negativo ya que las caras felices generan popularidad y las tristes, rechazo.

Andrea Imbachi