Bajo una espesa nube de contaminación que ocultaba el cielo y eclipsaba el sol, se celebró en Pekín una maratón en la que muchos de sus participantes corrieron con máscaras antigás. Con unos niveles de polución peligrosos para la salud, las siniestras máscaras chocaban con la indumentaria deportiva que lucían los corredores por las calles en blanco y negro de la ciudad, cuyos colores fueron tragados por la densa niebla.

A pesar de que los índices de contaminación marcaban unos 400 microgramos por metro cúbico de partículas PM 2,5, tan pequeñas que se cuelan en los pulmones y causan serias enfermedades respiratorias, la Asociación China de Atletismo y el Buró Municipal de Deportes dieron el pistoletazo de salida al XXXIV Maratón Internacional de Pekín.

Dichos niveles, 16 veces superiores al límite fijado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), desaconsejaban la celebración de la carrera. Pero, según informó el periódico «Noticias de Pekín», los organizadores de la carrera ya habían avisado la noche anterior que no la suspenderían porque estaba todo planeado y el 46 por ciento de los corredores venía de otras partes de China y del extranjero.

Con 30.000 participantes inscritos, la maratón empezó en la plaza de Tiananmen y recorrió sus 42 kilómetros de rigor hasta el Parque Olímpico de Pekín, donde se celebraron los Juegos Olímpicos de 2008. Rápidamente, por las redes sociales chinas comenzaron a circular las fotos de los corredores ataviados con máscaras, que provocaron la indignación general de la población.

Consecuencia directa de su frenético crecimiento industrial de las últimas décadas, la contaminación es uno de los mayores problemas que sufre China. La OMS -que el año pasado relacionó la polución con el cáncer de pulmón- calcula que en 2012 la insalubridad del aire se cobró en todo el planeta siete millones de vidas, la mayor parte de ellas en el continente asiático.