El Gobierno municipal de Barcelona de Ada Colau avanza en su proyecto de moneda social. Una promesa que esperan poder cumplir en 2019. Pero que empezará a gestarse mucho antes.

El año que viene el Ayuntamiento quiere ver cómo funcionaría esa moneda social en un barrio de la ciudad. La prueba, de la que todavía no hay más detalles, se enmarca dentro de un programa financiado con fondos europeos para desarrollar una renta de inserción municipal.

La idea nunca ha gustado al Banco de España, que la calificó de «imposible e indeseable». Imposible, no es. Hay ciudades europeas como Toulouse y Bristol que ya lo han hecho y a las que Barcelona mira como referencia.

La idea es promover el desarrollo local y generar riqueza que beneficie al pequeño comercio. El Ayuntamiento podría abonar parte del sueldo a sus funcionarios con esta moneda e incluso pagar a sus proveedores para ponerla en circulación. Pero desde el Consistorio de Colau se insiste: no hay nada definido.