Hacemos frente a un problema global de condiciones epidémicas: cada cinco minutos muere un niño en el mundo. Si ya de por sí esta afirmación resulta alarmante, su relevancia no hace sino aumentar si se tiene en cuenta, además, que un 75% de estas muertes se producen fuera de una zona de conflicto.

Estos dos datos se extraen del informe presentado por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) titulado “Niños en peligro: actúa para poner fin a la violencia contra los niños”, en el que se explica cómo millones de jóvenes de edades inferiores a los 20 años se sienten inseguros en su día a día en sus casas, escuelas o comunidades.

“El mundo ha ignorado durante demasiado tiempo los niveles extremadamente altos de violencia a los que se enfrentan los niños. En dicha violencia se incluye el abuso físico, el emocional y sexual, que se produce en los hogares, calles e incluso en las escuelas. A esto se añaden los niños que se encuentran en grave peligro en las zonas de conflicto de todo el mundo”, detalla el informe.

Además, la consecuencia de dichos niveles de violencia no es sólo la muerte: los niños que son víctimas de ella tienen una actividad cerebral similar a la de los soldados expuestos al combate y más de un tercio de ellos podrían desarrollar síntomas de estrés postraumático a largo plazo, según se explica en el documento.

Por tal motivo, -con la intención de llevar a cabo una campaña contra estos datos- desde Unicef se comprometen a liderar la “revolución” de la lucha mundial contra la violencia de los niños. “Se necesitan indicadores y asegurar el compromiso de los gobiernos a la hora de recopilar datos. Los esfuerzos traerán consigo respuestas más eficaces en la lucha contra la violencia”.