Ciertamente, el alcohol nos desinhibe, y aunque es cierto que sí  logra apaciguar los nervios y  la ansiedad que pudiera existir respecto al sexo, lo que NO hace es mejorar la respuesta sexual humana. Al contrario, la dificulta.

El grado de dificultad sexual que se experimenta generalmente tiene que ver con la cantidad que se consume, pero esta no es siempre la regla.  Aun consumiendo poco alcohol ,1 a 2 copas, es posible ver disminución de la respuesta sexual tanto en el hombre como en la mujer.

Los efectos del alcohol en la sexualidad masculina se ve frustrada en varios aspectos, Primeramente, se ven efectos de supresión de la erección debido a que el alcohol inhibe el funcionamiento del sistema nervioso autónomo, responsable de que se produzca la erección. De más está decir que a falta de una buena erección, la penetración y el coito se ven afectados negativamente.  La ansiedad que le sigue a este tipo de situación puede hacerse responsable de nuevos fallos eréctiles en futuros intentos y, consecuentemente, el comienzo de un círculo vicioso que desemboque en el desarrollo permanente de disfunción eréctil en el hombre.

El alcohol también resulta en problemas eyaculatorios para el hombre,  en el caso de la eyaculación retrasada, muchos hombres tienden a mirarlo como algo bueno.  Lo malo de esto es que la eyaculación retrasada sucede, en parte, por disminución sensorial, lo que significa que el hombre pierde un poco de sensibilidad, como si estuviera levemente adormecido.

En el caso de las mujeres, específicamente hay  pérdida inmediata de la sensibilidad en todo su cuerpo, particularmente sus genitales  y esto repercute directamente en sus posibilidades de alcanzar un orgasmo, sin embargo, debido a la expectativa afrodisíaca o de liberación moral, la mayor parte de las mujeres reportan aumento en su libido, aún cuando existe evidencia de que su respuesta fisiológica y hormonal se ve drásticamente afectada.

Psicológicamente hablando, el uso de alcohol puede afectar a la mujer al causar pérdida de autoestima, ansiedad, mayor exposición a abusos físicos y sexuales, y al contagio de enfermedades de transmisión sexual, por tomarse decisiones no responsables bajo los efectos de la bebida.  La relación de pareja, por su parte, puede sufrir debido a la dependencia, agravio en la comunicación, aumento en la probabilidad de agresión y abuso, y falta de atención al vínculo emocional y sexual que debe compartir la pareja.

La pregunta es: ¿de qué vale tanto impulso sexual, tanta desinhibición, tantas ganas, si a la larga no se va a disfrutar el sexo a plenitud?  Cuando se mezcla el alcohol al  repertorio sexual, se predispone a una posición de frustración sexual, Como ya señalaba el escritor inglés William Shakespeare, las drogas y el alcohol “provocan el deseo pero frustran la ejecución”.