A menos de dos semanas de realizarse la entrega de premios más importante del cine contemporáneo, TG Post repasa cuáles son los ocho filmes nominados en la categoría “Mejor película”, la terna más importante entre las distinciones de la Academia. Esta noche: “El gran Hotel Budapest”.

“El gran Hotel Budapest” podría definirse como una comedia maravillosa e increíblemente humana. Definitivamente, Wes Anderson sabe lo que es una historia bien contada. No en vano esta película ostenta, junto con “Birdman”, nueve nominaciones al Oscar. Sin embargo, algo nos huele mal: que un filme posea tantas candidaturas sin ubicarse entre las favoritas de la Academia podría repetir el bochorno de “American Hustle” (10 nominaciones, ningún premio).

Esta obra sigue la estructura del relato enmarcado, es decir, que nace de una historia madre que obliga, necesariamente, a recrear otra historia, para luego regresar al presente con nuevos datos y nuevas respuestas. Se trata de un escritor que decide hospedarse en el “Hotel Budapest”, -que ahora ha caído en la ruina- en donde conoce al dueño de la hostería, Zero Mustafa, quien una noche resuelve contarle sus emocionantes aventuras en la posada.

Monsieur Gustave H., encargado del famosísimo “Hotel Budapest”, es el responsable de entrenar a un jovencito, que viene escapando de la guerra, en la labor de “botones”. Todo marcha bien hasta que Madame D, una anciana de la alta sociedad que se hospedaba en el hotel y mantenía una relación amorosa con Gustave, fallece en su mansión y decide dejarle como herencia a su joven amante el retrato “Niño con manzana”, una pintura invaluable.

De ahí en más, lo que sucede es clásico: los hijos de la viuda (que no la estimaban ni un poco), celosos por este gesto, acusan a Gustave H. de asesinato, por lo que el encargado y su botones deberán vivir una gran aventura de prófugos, que incluye la cárcel, una sociedad secreta de encargados de hoteles (esto es propio de una película de Wes Anderson) y los controles de la Segunda Guerra Mundial.

Es una lástima que esta cinta esté muy lejos, para la Academia, de convertirse en la mejor película. Aun así, tiene altas chances de ganar en los rubros técnicos y, si sirve de consuelo, el vestuario es simpatiquísimo. Del mismo modo, que Ralph Fiennes no se encuentre nominado a mejor actor -la categoría hubiese sido aún más interesante- resulta una gran decepción. Tal vez, una distinción dorada sería más efectiva para honrar la memoria de la dulce Ágatha. (“No coquetee con ella”).