El campeonato que logró Pechito López en la madrugada del domingo posiciona a nuestro automovilismo en lo más alto del deporte motor, después de medio siglo de sequías. Fangio, en 1957, había sido el último campeón de un mundial de la FIA, mientras que Senna, en 1991, fue el último latinoamericano en lograrlo. Sin embargo, lo que más alegra de todo esto, es la revancha personal que tuvo el cordobés, a 4 años de su fallido ingreso a la F1.

La carrera de José María López tuvo un giro impredecible en la pretemporada del año 2010. El US-F1 Team había logrado un acuerdo millonario con el gobierno nacional para que nuestro piloto pueda integrar la parrilla de pilotos de ese equipo para la temporada. Sin embargo, el desembarco de Pechito como piloto oficial de la F1 se vio trunco puesto que el US-F1 Team no estaba preparado para correr aquél año. Después de varias idas y venidas, López rescindió el contrato y se quedó sin asiento en la máxima.

Así, se vio obligado a continuar su carrera deportiva en las categorías de nuestro país, donde lograría un nuevo título (Súper TC 2000 del 2012), el sexto de su palmarés.

Pero algo le faltaba a su carrera deportiva, algo que lo posicione en un lugar de privilegio, dentro de la élite mundial. Había tenido signos de lograrlo en el 2010, pero el mal gerenciamiento de su equipo lo privó de ello.

Y eso que faltaba llegó en el 2014. La escudería Citroen, de la WTCC, lo fichó para el Campeonato Mundial de Turismo, donde completaría la escuadra de pilotos junto a los grandes Sébastien Loeb, múltiple campeón de Rally, e Yvan Muller que ya se había coronado en esta categoría.

Por todo esto, por esta historia, por la revancha, por no rendirse nunca, es lo que hace que el título que acaba de lograr Pechito López nos llene de alegría. Y si lo ponemos en un contexto más grande, en la historia de nuestro automovilismo, también cobra una dimensión gigante: Juan Manuel Fangio, el mejor piloto de todos los tiempos, había sido el último en lograr un título de semejante importancia para nuestro país.

57 años, de 1957 a 2014, años de sequía, de angustia, de morderse las uñas viendo a Reuteman quedando a tiro. Sólo el oasis de Senna, el vecino, les llenó un poco el alma a los argentinos. Después, nada, pilotos en escuderías mediocres, que no llegaban ni a sumar puntos. Y justo cuando Pechito parecía devolvernos la alegría de tener un argentino en la élite del automovilismo, otra vez nos cortaron la esperanza.

Pero eso ya quedó atrás. José María López nos puso de nuevo en lo más alto. Nuestro himno -y el “soy Cordobés de Rodrigo- retumbaron en Japón, y en los corazones de los argentinos que nos emocionamos con ver a Pechito ahí arriba.