Maradona fue distinguido como “ciudadano honorífico” en la ciudad a la que llenó de gloria, y de la cual, se ganó todo el respeto y la admiración.

El miércoles, cuando quería entrar la noche, la ciudad del sur de Italia se iluminó. Ocurrió lo tan esperado. Eso, que se venía aguardando hacía horas, días. El merecido reconocimiento a Diego Maradona.

La Piazza del Plebiscito fue el escenario, y a la vez, testigo, de la concurrencia de mas de 30 mil almas Napolitanas, que desbordaban de emoción y devoción por el mas grande de todos. Aquel, que supo hacer vibrar y tocar el cielo con las manos, en una parte de la década del 80.

Debe haber pocos sitios en el mundo, que sientan y demuestren un amor tan puro y explosivo por Diego. “No hay ninguna ciudad que me haya querido como ustedes”, sentenció el astro. La noche previa a la celebración, el “barrilete cósmico” formó parte de una cena, y posteriormente, salió a las calles para codearse con todos los fieles “Maradonianos”. Algunos de ellos, seguramente no habrán tenido la suerte de vivir aquellas épocas, pero “Diego Maradona”, son palabras que hablan de historia y parte de lo que ese pedazo del Sur Italiano.

Diego Armando, no solo se ganó el corazón de los tifosi que tienen como templo el “San Paolo”, gambeteando gente, llevando a la escuadra a lo mas alto, convirtiendo ese gol inolvidable, casi sin ángulo para poner la pelota en un lugar, donde solo el podía colocarla. Y en la cara propia cara de clásico rival (Juventus).

Otra cuestión que marca a fuego la relación de Maradona con los hinchas del Napoli, y con la ciudad entera, pasa por ese costado que “el diego” suele tener, esa personalidad desbordante. Tan conflictiva y avasallante, muchas veces, como admirada, en otras tantas.

La constante diferenciación entre las zonas geográficas del Norte y del Sur de del país “tano”, oriundo de Villa Fiorito, tuvo acciones (y/o dichos) durante su estadía en la ciudad del teatro San Carlos. “L discriminación en Italia está, peor no es  (solo) contra los extranjeros, es contra Nápoles”, había soltado el genio del fútbol mundial. Cuentan en esta misma ciudad, que la recordada silbatina de publico local en el mundial de 1990, cuando se lo observa al capitán argentino expresando su enojo, “no era contra Argentina en si, era contra Nápoles”. Incluso, se conoce la historia de periódicos haciendo alusión a “Nápoles, hinchen por Italia”, en la ante sala del encuentro.

Cuartos de hotel y platillos con su nombre, el mismo que portan muchos jóvenes hoy en día en homenaje  a el, al mismo que tiene santuarios, y cuya imagen sigue recordándose (y siempre presente) en los rincones del estadio que se regodeó con todo el esplendor de sus jugadas.

Diego es Napolitano, no caben dudas. Y desde ayer, por si hiciera falta, quedó asentado para siempre.